021. EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS

EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS

Ya sólo quedaba por pasar, lo que al final sucedió, que los moriscos fueran expulsados y, a pesar de todos los abusos de la expulsión, aún tenemos que agradecer al rey Felipe III el que no prestara oídos a medidas más duras que le proponían sus asesores, alguna de las cuales consistía en el exterminio total de los moriscos.

Desde 1582 ya estaba planeada la expulsión, pero se esperó a que la situación internacional fuera favorable y se estudiaron los efectos que la expulsión podría acarrear a la nobleza y la plantearon de forma que les beneficiase lo más posible.


Por Real Pragmática del 22 de Septiembre de 1609, el rey Felipe III, influido por su valido, el Duque de Lerma, dispuso que se expulsara a los moriscos levantinos en el plazo de tres días. La operación se preparó con el máximo secreto, y se comenzó por los levantinos, ya que eran los más numerosos, y se les consideraba los más peligrosos por estar cerca del litoral y habitar zonas de montaña en que se encontraban muy agrupados. En un principio, se pensó dejar sin expulsar un 6% de moriscos, para evitar el hundimiento de la agricultura, pero el arzobispo de Valencia Juan de Ribera, hizo que la expulsión fuera total, y, además, sin importar que estuvieran bautizados o no.


Un reciente estudio de Ignacio Gironés en «Los morisquillos 1609» (2009), nos demuestra que fueron casi dos mil quinientos los niños moriscos que se quedaron en la península, casi todo ellos del Levante. Estos quedaron como criados, repartidos entre las familias de cristianos viejos, y acabaron integrados totalmente.

Cabe la posibilidad de que algún morisco quedara escondido en las montañas. Lapeyre dice: “Algunos moriscos, para librarse de la expulsión se quisieron quedar en el Reino en calidad de esclavos particulares. Posteriormente se dio orden de arrebatar los moriscos esclavos a sus nuevos amos, la mayor parte huyeron entonces hacia la sierra”. Un informe del Dr. Baziero, de agosto de 1610, dice: “Quedan aún unos treinta esclavos arrebatados a su amo, setenta fugitivos en los montes de Laguar y Guadalest, así como algunos otros en la Sierra”. Además, algunos de los moriscos que habían sido empleados en las cuadrillas armadas particulares de la nobleza, se quedaron por las montañas actuando como bandidos. Pla Alberola, no obstante, asegura que el número de moriscos que pudieron quedar fue muy pequeño.


“Hemos podido localizar huellas de algunos de los últimos moriscos de Fageca en los listado de “morisquillos”, y sabemos que algunos sobrevivieron sirviendo acristianos viejos en lugares como Oliva…,pero poco más”. (SEGUÍ, Joan – Fageca i Famorca, terres del secà i la muntanya valencianes)

LA BATALLA DE FAGECA

En un documento del Archivo Parroquial de Gorga se cita que el 26 de octubre de 1609, los moros que quedaban por embarcar, naturales de Xaló, Finestrat, Relleu, Vall de Guadalest, Vall de Ceta y Travadell y Val de Planes, se rebelaron y “vingueren trescents moros a vista de Gorga, entre Millena y Balones, ab una bandereta vermella y un tabal, ahon estigueren dos horas, mentres altres pasaren per les afores de Millena, de ahon anaren a Fageca. Estigueren los mirant los cristians de Gorga consultant si anirien darrere de ells y esperant certa gent de Penàguila, que foren vint y set homens, y entre tots ab los de Gorga, Penàguila y Alcoy foren cent y tres homens, los quals guiantlos Viçent Sempere de Alcoy, com a procurador de estos valls, y el Justicia Jaime Calbó y els Jurats Pere Antoni Calbó y Miguel Puig, anaren darrere de ells y els alcançaren a mig quart de llegua de Fageca, ahon ne mataren dotse o catorce homens y dones, prenguerens los deset bous, huit besties mulars, moltisima roba y setanta lliures en diners” ( “se asomaron trescientos moros a Gorga, entre Millena y Balones, con una pequeña bandera roja y un tambor, donde estuvieron dos horas, mientras otros pasaron por las afueras de Millena, desde donde fueron a Fageca. Los cristianos de Gorga los estuvieron mirando, consultando si debían ir detrás de ellos y esperando veintisiete hombres de Penáguila. Entre los de Gorga, Penáguila y Alcoy eran ciento tres hombres, los cuales fueron guiados por Viçent Sempere de Alcoy, como procurador de estos valles, y el Justicia Jaime Calbó y los Jurados Pere Antoni Calbó y Miguel Puig, y fueron detrás de ellos y los alcanzaron a medio cuarto de legua (unos 700 metros) de Fageca, adonde mataron doce o catorce hombres y mujeres, cogiéndoles diecisiete bueyes, ocho mulos, muchísima ropa y setenta libras en dinero”.)

Gaspar Escolano en sus «Décadas de la historia de Valencia», escrita en el s. XVII, cuenta el mismo episodio: “haviendo tenido auiso N. Sampere procurador general de la villa de Gorga, y valles de Ceta y Travadel (que son quinze lugares) que los Moriscos del lugar de Balones havian llevado todas las mugeres una legua mas arriba del dicho lugar, a otro que se llama Fageca, de la dicha valle en el camino de Alahuar, acudio con quarenta soldados a ver como quedaua Balones, y solamente halló en el siete Moriscos; que en viendole, huyeron a Beniayzo, lugarejo cerca de alli, y salieron a recogerlos mas de treynta, apellidando a grandes bozes: Biva Mahoma, y mueran los Christianos; que ya no hay Governador. A esta descompostura les disparo un soldado de los del Governador; y ellos respondieron con tres arcabuzazos, llamando todavía a Mahoma. Y haviendose buelto el Governador a Balones con sus quarenta soldados, para quedar en el de guarnicion por los muchos frutos que el Marqués de Guadaleste señor de los dichos lugares, y los mismos Moriscos tenían en el, vio que de otro lugar que se llama Quatretonda del mesmo valle, salía una vandera con una caxa, y cosa de trecientos Moriscos armados, que venían marchando la buelta de Balones. Entonces tuvo por bien de retirarse con orden hasta la villa de Gorga, arcabuzeandose de una parte y otra sin parar; y en llegando a vista de la villa, los Moriscos hizieron alto, y puesta la vandera delante della, se estuvieron atrevidamente por media hora aguardando batalla; y no pareciendoles aguardar mas, dieron la buelta para subirse a la montaña de Alahuar, a tiempo que llegaron veynte y cinco soldados de la villa de Peñaguila en socorro de los de Gorga; y hallandose por todos cien arcabuceros, salieron a su alcance, y los fueron siguiendo por espacio de una legua, marchando y arcabuzeandose juntamente. Murieron quinze de los Moriscos, y cinco mugeres; y ganaronles los christianos muchas cargas de harina y pan, y muchas vacas; y por ser el camino peligroso, y anochecer, dexaron el alcance, y se bolvieron a Gorga».

Después seguía Escolano: «A veynte y siete de Octubre se acabaron de leuantar los del valle de Guadaleste y Baronia de Confrides, y juntandose con los de Relleu y Sella se vinieron con quatro banderas tendidas al lugar de Fageca, donde aguardauan los de los valles de Ceta y Trauadel, para subirse a Alahuar, con toda la ropa de sus casas, y los bastimentos que podian llevar, saqueando lo primero las casas de los señores y de los Curas”.

Los historiadores omiten un hecho de este episodio, que sólo Martí Gadea cuenta, y es que, el dinero, los animales y la ropa se lo repartieron entre todos, y cuenta que Pere Caribet de Millena, con este reparto, se convirtió en un hombre rico.

OTRAS BATALLAS

Vicente Sempere, Gobernador de Gorga y de los Valles de Seta y Travadell hizo un informe sobre la rebelión morisca en Laguart. En dicho informe habla de que los participantes en la rebelión eran los habitantes de Benixembla, Valle de Laguar, Villena (por Millena), Quatretonda (por Quatretondeta), Benimassot, Fageca, Famorca, Castell de Castells, Billa, Ayalt, Valle de Guadaleste, Valle de Gallinera, Planes, Sella, Relleu, Finestrat y Micleta. (Micleta está en el término municipal de Callosa d´Ensarriá).

Dice: “El primer puesto que tomaron fue en Serrella en un Castillo que está en la sierra de aquel nombre, y sucedió que yendo los moros del lugar de Almodayna, del término de Planes, hacia la Valle de Seta para dar consigo en el Castillo de Serrella, les salieron al encuentro cincuenta hombres de Alcoy, que estaban allí para guardar el paso a favor de Gorga, lugar christiano en la Valle de Seta, y mataron cerca de veinte de ellos, y los pusieron en huida, aunque luego multiplicándose los moros hubieron de retirarse y ponerse en Gorga, y los moros tuvieron lugar de llegar al Castillo de la sierra de Serrella; y de allí bajó toda la morisma al lugar de Castell de Castells que está al pie de la sierra y tiene una muy fuerte torre, y puestos en aquel pueblo fueron a la Iglesia y rompieron la campana y derribaron los altares, y los hicieron muchos pedazos, y se llevaron los ornamentos sacerdotales. Que no permanecieron mucho en Castell de Castells, antes se fueron a otro lugar más alto, llamado Ayalt, y a cabo de algunos días, viendo que no había allí más que un pequeño pozo, y ese fuera del lugar, determinaron picar de allí, y especialmente porque se recelaban ya de la ida del ejército christiano contra ellos, pero antes de partir de allí maltrataron cuanto pudieron a la Iglesia, y hecho eso se pasaron a la sierra de Laguar y tomaron el peñón que ya he dicho, y se alojaron en los tres lugares de Laguar, y, por no coger en ellos, hicieron innumerables tiendas al pie de la sierra, y al derredor de aquellos lugares. Porque ellos eran tantos que entre hombres y mujeres y niños pasaban de treinta mil y así fue menester armar tiendas, y aun ponerse muchos de ellos en cuevas del monte, que las tiene muchas.

Harto presto llegó a aquella tierra D. Agustín Mexia con el ejercito Christiano que estaba compuesto de (blanco en el original). Alojose el ejercito en la Villa de Murla que es harto fuerte, y en el lugar de Benixembla, y por ser lugar poco fuerte hizo trincheras al cabo de las calles para su defensa.


Estúvose D. Agustín Mexias algunos días en aquellos lugares esperando que se rindiesen y bajasen de la sierra y de los lugares de Laguar para ir a embarcarse. Y aquellos días hubo muchos dares y tomares y algunas escaramuzas, y hartos atrevimientos de parte de los moros en negocio de echar por la boca mil géneros de blasfemias. Y viendo D. Agustín que el negocio se dilataba, y que los moros no arrostraban a la embarcación, antes esperaban el favor del Turco, y aun algún milagro de su falso Profeta Mahoma, envió por las compañías de la milicia effectiva del Reyno: y acudieron de Elche, de Alicante, de Xixona, tres de Alcoy, de Cosentayna, Bocayrente, Biar, Onil, Castalla, Villajoyosa, Xabea y Gandía.


Todas ellas se juntaron en Castell de Castells y allí se hizo muestra de ellas, y allí se estuvieron hasta que llegó aviso de D. Agustín que partiesen para Laguar, con orden de marchar con mucho silencio, y con las cuerdas encendidas dentro de unas cañas para que no se viese el fuego. Hicieron su camino de noche; y llegaron al campo de Petraco al cabo del Barranco de Vellafi, a media legua de Murla al pie de la sierra de Laguar y allí estaba ya D. Agustín con el ejercito: y antes de día ordenó el campo y mandó a todos los soldados que encendiesen los dos cabos de las cuerdas.

La noche era muy fría y áspera y padecióse mucho. Al romper del alva, el Atalaya de los moros descubrió las cuerdas encendidas y el ejército puesto en orden, y dio gritos diciendo que dijesen al Rey de Laguar que venía contra ellos todo el mundo. Ya se había
encomendado el ejercito a Dios con muchas veras, y a la sazón mandó el General que todos dijesen el ave María y luego se comenzaron a tañer los timbales y pífanos, y dividiose el ejercito en tres mangas, y la que iba primera empezó a pelear con los moros que estaban en el primero de los peñones que está a media legua de los dos fuertes peñones que dijeron arriba, y muertos en aquel encuentro cuatro moros se pusieron todos en huida hacia los dos peñones, y esta manga era de la milicia effectiva de las compañías de Xixona y Cosentayna, y siguió el alcance hasta otro peñón al pie del cual había muchas tiendas, y en ellas mucha gente; defendiéronse allí los moros bastantemente por gran rato pero a la postre viendo la matanza que en ellos se hacía desampararon el puesto y picaron hacia el postrero peñón que es el ya se pintó, que se divide en dos, el uno más alto que el otro, habiendo perdido la bandera.

No pudieron las compañías seguir más el alcance porque cayó mucho agua con fuerte viento y hacía grande frío. Mandóles el General retirar y dioles facultad que se repartiesen los despojos; entretanto fue D. Agustín con los tercios contra los lugares de Laguar, y muertos muchos y dejando rica presa en los lugares y tiendas, dieron consigo los moros en el peñón más alto donde ya estaban los otros. Por otra parte mientras las compañías de Xixona y Cosentayna, y las otras del Reyno que ya estaban juntas se repartían los despojos, bajaron más de dos mil moros y pelearon valientemente hasta que habiéndoles muerto cerca de veinte moros se volvieron a retirar, no habiendo muerto sino a un mosquetero, que poniendo el pie entre dos peñas se lo rompió, y pudo ser muerto a manos de ellos. Mandó el General entonces que estuviesen en guarda al pie del peñón dos compañías de la milicia effectiva, y una de ellas fue la de Villajoyosa y las otras se fueron a Laguar a descansar.


Al cabo de días viendo el General que nunca acababan de resolverse, subió con todo el ejército y con las compañías de la milicia effectiva, y púsose al pie del peñón, y estando ya para acometer, hubo orden del General que se bajase todo el ejercito a Laguar, y puso guardas de soldados viejos en las seis fuentes que están al pie del peñón más alto, y fueron ellas veinte soldados en cada cual. Los moros padecían sed y bajaban al agua, y la primera noche mataron algunos de ellos y prendieron otros, entre todos hasta ciento. Duró el hacerse fuertes después de tomada el agua cosa de dos días, y la segunda noche prendieron de ellos cerca de veinte, y fuéronse huyendo muchos para escapar de la furia, y el Domingo a la mañana estando en guarda del peñón la compañía de Cosentayna se rindieron y bajaron para embarcarse. Los muertos de los moros por el ejercito christiano en toda aquella jornada no pasaron de seiscientos”.


(Cuando habla del castillo de Serrella deben de referirse al que está en el término municipal de Castell de Castells, en lo alto de la sierra. Al nombrar Malafí lo llama Vellafí)

Esta batalla nos la describe también A. del Corral y Rojas (“Memorable expulsión y justísimo destierro de los moriscos de España”) diciendo que “el número de muertos pasó de 2500, muchos de ellos niños y mujeres”. También es descrita por Escolano en sus “Décadas…” y debió de ser terrible: “Murieron de los rebeldes más de 1500, usando los soldados de las crueldades que traen consigo semejantes ocasiones…a los niños de teta los arrebataban de los brazos de las madres y los estrellaban en las peñas y por no detenerse a quitarles los zarzillos a ellas, les cortaban las orejas (…) Muchas mujeres se cubrían el rostro con las faldillas y abrazadas con sus hijos se arrojaban por las peñas abajo, pensando hallar mejor acogimiento que en los soldados, y todos los que caían heridos, antes de ser muertos, eran luego despojados y quedaban desnudos…..”

Se calcula que de todo el Reino de Valencia fueron expulsados unos 135.000 moriscos, lo que suponía un treinta por cien de la población total. Se estima que de los valles de Alcalá, Ebo, Seta y Travadell fueron expulsados alrededor de 10.000.

Los de esta zona se dirigieron a Denia y a Moraira, para embarcar con rumbo al norte de Africa. Se vieron obligados a abandonar todos sus bienes, y, además, muchos fueron asaltados por los caminos, a otros les robaron en los barcos, y a muchos otros al llegar a Africa. Además, muchos fueron robados incluso en los mismos pueblos, antes de salir, donde llegaban los cristianos de Gorga y de otros pueblos de alrededor y les arrebataban los caballos, el ganado y lo que pudieran coger. Más de uno de los expulsados debió de dejar enterrados objetos de valor con la esperanza de poder volver a recuperarlos algún día.

Si peligroso fue el camino hasta los puntos de embarque, donde eran continuamente asaltados y robados, H. Ch. Lea asegura que más de dos tercios de los que llegaron al norte de África murieron por enfermedad o asesinados.

TRAS LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS

En una sentencia de la Real Audiencia de 1611 se puede leer:

“En estos lugares de la Vall de Ceta donde solía haber 343 casas: en Balones 69, en Beniaiso 28, en Costurera 23, en Rafalet de Beniamet 18, en Capaimona 19, en Rafalet de Bensaxco 4, en Benimasot 27, en Cuatretonda 51, en Facheca 51, en Famorca 31 y en Tollos 22, y hoy no son sino las siguientes: en Balones 17; en Beniaso y Capaimona, ninguna; en Rafalet de Bensaxco, ninguna; en Benimasot, 6; en Cuatretonda, 5; en Facheca, 10; en Famorca, ninguna, y en Tollos, 2, que son todas 47, las cuales casas con sus tierras están acomodadas de dichos 47 pobladores sin tener hasta hoy ningún asentamiento ni establecimiento o población”. 

En lo citado anteriormente nos llaman la atención varias cosas:-la suma de los datos nuevos no da 47; -dentro de los datos nuevos no figura Costurera ni Rafalet de Beniasmet; -cita a Famorca, Beniaso y Capaimona como los únicos lugares donde no quedó nadie; -si en el valle sólo había pobladores moriscos, que fueron expulsados en su totalidad, y escribe que no ha habido ningún asentamiento ni población, ¿cómo pueden quedar todavía 47 pobladores? ¿o es que ya habían sido repoblados algunos lugares y Famorca, entre otros, todavía no?.

La agricultura sufrió un bajón enorme, y hubo un tremendo colapso económico y un despoblamiento general.

LA RUTA DE LA EXPULSIÓN

Manuel Pinto en «Un paseo por la Vall de Seta en la revista «Sarrià», 2013, dice:

https://www.raco.cat/index.php/Sarria/article/view/281662

“..Se nos presentó el problema de por dónde los moriscos habían cruzado a finales de octubre del 1609 hacia la parte sur de la Marina Alta. Según las crónicas de la época y, en especial, la de Escolano, tras el fracaso de la toma del castillo de Guadalest, los moriscos se desplazaron hacia Castell de Castells, de donde subieron a la llanura de Pla d´Aialt, lugar donde los moriscos se estaban concentrando como refugio seguro ante las tropas cristianas acantonadas en la vecina población de Callosa.

El camino más rápido era la antigua senda de Benimantell y Beniardá hacia el Castell de Serrella, tal y como se hacía hasta principios de los años setenta del pasado siglo XX (…) pero este camino planteaba un problema: lo empinado del mismo.

Es cierto que un grupo numeroso de hombres moriscos accedieron por esta senda hacia lo alto del castillo el día 25 de octubre de 1609 para después descender hacia el mismo Castell de Castells y tomarlo, ya deshabitado de cristianos, el día 26. Pero, para el grueso del grupo: mujeres, niños, ancianos, enfermos….nos preció muy dificultoso.

Sabemos, por las crónicas de la época, y de Escolano, que en esos días los moriscos de la Vall de Seta, zona de Alcoi y Vall de Travadell se estaban concentrando en Fageca y que la senda que conducía hacia este pueblo desde la Vall de Guadalest era mucho más fácil de transitar desde l´Abdet y Confrides y, desde allí, hacia Castells por Famorca. Esto dio origen a que supusiéramos una doble ruta de paso y huída: los más jóvenes por la senda de Serrella y los más débiles e impedidos por la de Fageca. Esta última, por el collado de Cosme y el Barranc del Moro, de fácil ascensión y descenso hacia esa localidad…”

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